domingo, 20 de octubre de 2013

La naturaleza humana y el comportamiento ético

Como hemos comentado ya, la naturaleza humana se ha intentado definir frente a los animales. En el aspecto ético veíamos como Savater (en el capítulo 1 de Ética para Amador) afirmaba la libertad y responsabilidad del comportamiento humano frente al carácter instintivo del comportamiento animal.
Pero en el imaginario popular y en la literatura también se ha reflejado el debate sobre la influencia de nuestro componente animal en el carácter moral de la naturaleza humana. Y junto a este componente animal, nuestra naturaleza ha sido definida frente a aspectos como lo divino, lo inerte y la máquina. Veamos con algo más de detalle estas comparaciones:

1. Lo humano y lo animal: ¿somos animales racionales? ¿animales políticos?...
En la muy difundida literatura de "vampiros" o de "hombres-lobo" los seres humanos afectados por estas transformaciones presentan un comportamiento ambivalente, en los que se mezclan el instinto depredador con los sentimientos humanos. Admiramos en el animal su fuerza, su solidaridad con el grupo, su instinto (que no le hace dudar a la hora de orientar su conducta), su naturaleza "salvaje".
 ¿Dónde está la frontera que nos hace humanos o animales? Un caso que analizamos en otra entrada eran los "niños salvajes". Por otro lado, series como True Blood muestran una curiosa convivencia entre vampiros y humanos. Entre los vampiros existen dos campos: los que desean integrarse en la sociedad humana, y luchan por la ciudadanía e igualdad de derechos, y los que piensan que la convivencia con los humanos es imposible a causa de la naturaleza violenta de los vampiros.  
¿Cómo nos comportaríamos si no existiera la coerción social, si fuéramos invisibles, como describe el mito de Giges del filósofo Platón? ¿Nos convertiríamos en "salvajes"? En relatos o películas que hablan de una situación post-apocalíptica se dibuja este escenario de una humanidad sin reglas, sin civilización, donde actuaríamos guiados por la mera supervivencia. ¿Pueden coexistir dos naturalezas en el ser humano, como en el caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde?

- Lo humano frente a lo inerte-viviente: lo consciente frente a lo reflejo. Junto a lo animal o "salvaje" de nuestra naturaleza, la literatura y el imaginario popular también han hecho borrosas las fronteras de nuestra naturaleza moral y lo inerte (sin conciencia), como en el caso de los muy populares zombies, que se comportan según movimientos reflejos, sin identidad, libertad ni conciencia ¿Dónde reside y cuándo perdemos nuestra conciencia moral, nuestra humanidad?
Un caso paradójico, el  de una especie de zombi o muerto-viviente con conciencia, es el famoso monstruo de Frankestein, que sí es capaz de plantear y enfrentarse a dilemas morales como los humanos.

- Lo humano y la máquina: lo impredecible frente a la precisión. Por último, otra forma de definir la naturaleza moral del ser humano es la de la confrontación con la máquina (con el robot, si le queremos dar una forma antropomorfa). Admiramos en el robot su precisión y eficacia, su comportamiento programado y predecible. Pero ¿hasta dónde se puede programar una conducta humana -por la genética o por el condicionamiento socia y cultural-, y hasta dónde es impredecible y libre?

- Lo humano frente a lo divino: lo mortal frente a lo inmortal. La contraposición entre lo que es consciente de sus límites y lo que está más allá del bien y del mal; el poder y la libertad absolutas frente a la finitud consciente humana. Aunque también la religión y la mitología han poblado de seres intermedios el espacio entre lo humano y lo divino, como en el caso de los ángeles y los semidioses.





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